Porqué preocuparse por el desarrollo del lenguaje desde el núcleo familiar

Cuando hablamos de un mundo mejor comunicado hacemos alusiones a la vastedad del Internet, a la gama de posibilidades de navegación por mundos cibernéticos que dan vuelta y vuelta al globo terráqueo; también tendemos a enfatizar el poder de la conectividad, el impacto de las redes sociales, y la maravilla de reencontrar amigos y familiares del pasado.

En otras ocasiones, lo “mejor comunicado” lo calificamos desde la cuestión más técnica: el acceso a Internet desde cualquier punto. Así, elegimos un hotel si nos brinda WIFI, y mejor si es gratis; un gobierno municipal o local se anota un punto a favor si en sus plazas existe acceso al internet; un servicio de tren o de autobús se promueve como de mejor calidad si brinda también esta accesibilidad a sus clientes.

Pocas veces pensamos que esa mejor comunicación depende principalmente de individuos que sepan comunicarse, es decir, que hayan desarrollado una proficiente competencia lingüística y discursiva con la que sus habilidades orales, auditivas, lectoras y de escritura les permitan enterar y reflexionar críticamente sobre todo lo que acontece en el mundo, y al mismo tiempo compartir con otras personas lo que piensan y sienten de ese acontecer.

Como adultas y adultos responsables de niñas, niños y jóvenes en crecimiento, les procuramos una buena conexión al ciberespacio, considerando rapidez y efectividad, candados de protección contra páginas peligrosas, incluso conocimiento técnico suficiente para que interactúen en páginas seguras y en las redes sociales, y saquen el mayor provecho de esa oportunidad de comunicarse con el mundo desde el dispositivo de su preferencia…¿Pero cuánto hacemos por fortalecer su competencia lingüística y discursiva con la que abordarán la diversidad de información que hemos puesto a su alcance?

La construcción de esa competencia inicia desde los primeros meses de vida, en casa. Comienza cuando le hablamos a la bebita o al bebé, nombrándole las cosas que están a su alrededor; cuando “conversamos” con ella o con él, siendo receptivos a su balbuceo; al cantarle rondas y canciones de cuna, o contarle cuentos, leídos o inventados en el momento….Es decir, ese incipiente desarrollo lingüístico y de intercambios comunicativos básicos está basado en muchas actividades que lo fomentan, lo apuntalan y lo consolidan. Se trata de acciones y actividades que se establecen en casa para brindarles a las y los infantes el suficiente input y la mejor plataforma para que vayan progresivamente construyendo y ampliando su competencia y fortaleciendo sus habilidades del lenguaje.

Esa competencia lingüístico-discursiva inicial se verá fortalecida y enriquecida a través del paso de las niñas y los niños por la Escuela, donde encontrarán nuevos contextos comunicativos, muchos de ellos muy diferentes a los vividos en casa, por lo que tendrán que aprender nuevas formas de comunicación. En este tiempo, reconocido en el ámbito de la investigación como Etapas Escolares, es fundamental un buen acompañamiento por parte de los maestros, como facilitadores en el desenvolvimiento de los aprendices en las diversas prácticas sociales del lenguaje, pero también por las mujeres y los hombres de su familia (madre, padre, abuela, abuelo, tíos, tías, hermanas y hermanos, etc.). Lo que se hace en casa sigue siendo importantísimo, así como lo que la sociedad brinde en la comunidad, a través de talleres en casas de cultura, museos, bibliotecas, eventos culturales, cines con oferta no sólo comercial, entre muchas otras cosas.

Querida lectora, querido lector, la información que encontrarás en esta sección que he titulado Fortaleciendo el desarrollo del lenguaje, no viene sólo de mi trabajo como académica e investigadora; sobre todo se genera en mi quehacer docente con estudiantes que están preocupados por diseñar estrategias para trabajar con diversas prácticas sociales del lenguaje dentro y fuera de la casa y la escuela. También se ha gestado de la lectura de distintos tipos de textos (artículos, editoriales, blogs, podcast, videos, etc.) que me voy encontrando en mi camino por el mundo físico o virtual, y que me provocan reflexiones sobre las preocupaciones aquí mencionadas.

También se nutre de lo que experimenté como madre de tres niñas, ahora mujeres maravillosas, a quienes les leí cuentos y más cuentos; con quienes hablaba y escuchaba por horas, y quienes también hablaban con y escuchaban a otras personas: su padre, sus abuelitas, su abuelo, su padrastro y demás adultos que se fueron incorporando a su entorno familiar más cercano; por supuesto, su interacción con tías, tíos, primas y primos, amigas y amigos. La infinidad de contextos de intercomunicación que se abren en la familia y de los que pueden sacar el máximo provecho las y los integrantes menores son múltiples, variados, diversos. Es una riqueza de modelos que debemos valorar y aprovechar: lectores, escritores, expositores, declamadores, oradores, cantantes…Modelos que llegan a las y los más pequeñines, motivando su sed de convertirse progresivamente en mejores hablantes.

Por todo esto, cuando pensemos en lo que es necesario hacer en casa para poder ser parte de la comunicación globalizada, no solo nos quedemos en la búsqueda de interconexión rápida y mayor capacidad, ni en el pago de plataformas que brindan servicios amplios para acceder a series, películas, música; tampoco nos detengamos en el conocimiento tecnológico para el mejor uso de esas plataformas. Reflexionemos también en qué tanto estamos haciendo por convertirnos en mejores usuarios de nuestra lengua: qué tanto dominamos habilidades de lectura, escritura, conversacionales, para que, independientemente del canal, la distancia en espacio y tiempo, la comunicación fluya. Quien no sepa expresarse plenamente nunca le sacará provecho al mejor medio que esté a su disposición. Quien no sepa comprender lo que lee o escucha sucumbirá ante el exceso de información y no podrá discriminar entre información certera, fundamentada y validada, de aquella seudo-información, basada en bulos y fake-news.

La construcción y fortalecimiento de la competencia lingüística y discursiva, con la que logramos convertirnos en exitosos usuarios de nuestra lengua o nuestras lenguas, requiere tiempo y esfuerzo; necesita práctica y acompañamiento; precisa de modelos que sirvan de guía. Es una tarea enorme que se apoya en la aportación de familiares, docentes y muchos otros actores sociales. Asumamos nuestro compromiso en esta empresa y sumemos esfuerzos.